domingo, 23 de enero de 2011

Teoría del triángulo equilátero.

Ayer, mientras hacía noseloqué, se me ocurrió una metáfora de mi situación actual. Es demasiado simple y hasta puede que tonta, pero la explica a la perfección.
Intentaré contarla lo mejor que pueda:

Para tener una imagen en la cabeza de mi metáfora, imagínate un triángulo equilátero.

Según mi libro de mates de 5º de primaria, ese triángulo se caracteriza porque sus lados y sus ángulos son iguales. Los lados pueden ser más largos que siempre medirán los tres lados igual. Y los ángulos siempre serán los mismos. Tres ángulos agudos idénticos de 60 grados.

Podemos llamar a cada vértice con una letra mayúscula (como estoy harta de que siempre se le llamen A, B y C, pues yo les voy a llamar A, E y M)
Los vértices están interconectados entre sí, pero ninguno repercute en su lado opuesto. Lo respeta.
Los lados adyacentes de E fueron los últimos en trazarse, pero son segmentos sólidos, fuertes, hechos con un regla especial y un lápiz que los ha marcado con firmeza sobre el papel.
Y si los lados adyacentes de E son fuertes, el lado A y M lo está todavía más.
Pero los tres vértices forman un triángulo equilátero perfecto.

Mmm...no sé si he utilizado el vocabulario matemático adecuado, tendré que revisar mi libro de mates para ver si me he equivocado.
Y ya aprovecho para buscar si hay algún modo de convertir un triángulo equilátero en uno escaleno, así, por las buenas. Sí, de esos que tienen ángulos distintos, lados que da igual su longitud, con dos vértices más juntos y el otro más separado. En fin, que sin ningún orden ni lógica.


No sé por qué, pero pensar en este tipo de chorradas hace que me sienta algo mejor. Se ve que me gusta comparar la amistad con la geometría. Al menos, me sirve para algo.