Me quité un auricular, por si quería preguntarme una dirección o algo.
Hombre Extraño: Eres lo más bonito que he visto en mi vida!
Amm, vale, pues naaaada, parece que no.
Miré hacia otro lado, haciendo oídos sordos, mientras activaba modo poker face.
Pero el hombre insistía, hasta el punto que se sentó en el banco conmigo.
Qué bien, le he gustado a un viejo verde ebrio.
H.E: En serio te lo digo, eres preciosa.
Yo: Amm, vaya, pues gracias jaja
H.E: ¿Pero sabes cuál es tu problema?
Venga, ya me va a sacar defectos, se ve que ya se ha acercado lo suficiente...
Yo: No, ¿cuál es?
H.E: Que no te valoras lo suficiente, no te quieres lo que te tendrías que querer.
Lo miré a los ojos con la boca totalmente abierta. No me creía lo que acababa de oír y empezaba a tener miedo.
Yo: Y...¿eso por qué lo crees?
H.E (pasándose la mano por la barbilla): Por los granitos que tienes por aquí. Mira, eres una chica preciosa, y cuando seas mayor, lo serás aún más. Dentro de unos años, cuando te conviertas en una mujer de verdad, hecha y derecha, ya no tendrás que preocuparte de esos granitos. Son cosas de la edad, ya sabes...
Yo: Sí, lo sé...
H.E: En cambio, tienes los ojos más bonitos que he visto en mi vida, creéme lo que te digo. Resáltalos y muéstralos al mundo.
Le volví a mirar a los ojos. Creo que nunca le he sostenido tanto la mirada a nadie. Él también tenía un color de ojos muy bonito, como marrón claro casi miel.
Yo: Bueno...pues seguiré tu consejo.
H.E: Claro que sí, y yo sé que pronto encontrarás a un hombre que sepa apreciar todo eso, y él te va a querer todo lo que no te quieres tú. Dentro de poco tendrás al hombre de tu vida contigo.
¿Si no?
Bueno, esto ya es surrealista, dos toques a Celia y que venga pero YA.
No contesté a eso, me limité a parar la música y mirar al suelo.
H.E: ¿Te molesto? Porque si te molesto, me voy eh?
Yo: No, no, si no me molestas.
H.E: Por cierto, llevamos un rato hablando. Me gustaría saber tu nombre, si no es molestia.
Yo: Ehh...Sonia.
H.E: Encantado de conocerte Sonia.
Estiró el brazo y mostró la palma de la mano, señal para que pusiera la mía encima. Sé que cualquier chica escrupulosa habría rechazado aquella mano sucia con callos, pero posé mi mano sin dudar en la suya y me besó la mano al estilo de los caballeros cuando besaban a las damas por el siglo XVIII. Mis amigas casi se mueren del asco cuando se lo he contado, pero a mí me ha encantado el gesto.
H.E: ¿Me has escuchado Sonia?
Yo: ...sí.
H.E: Quiérete más, hazme caso. Que seguro que tienes todo para ser feliz.
Yo: Es posible...
H.E: Sonia...si te molesto me lo dices eh?
Yo: Pues sí, un poco...
Se puso de pie de un salto.
H.E: Entonces no hay nada más que hablar, no quiero ni molestar un poco. Adiós, que te vaya bien :)
Yo: Noo...yo...
Pero ya se había ido. No quería que se fuera, pero hice bien, dado que segundos después aparecieron mis amigas.
Roxanne, si te soy sincera, creo firmemente en que esto es una señal. Es imposible que esto haya sido fruto del azar y de la casualidad. ¿Precisamente esta semana? ¿Precisamente hoy? Noo...
Y aún no me he lavado la mano.