sábado, 23 de octubre de 2010

Si las pompas no se rompieran, perdería mi pompero.

Se encontraban en un punto en el que sabían que tenían una conversación pendiente, pero ninguno sabía como empezar. El optó por empezar con otra cosa, como hacía siempre.

-Si las pompas de jabón supieran que nos gustan tanto, ¿crees que se harían indestructibles?
-Si fueran indestructibles, dejarían de gustarte. Hay cosas que es mejor no desear nunca.
-¿Por qué lo crees?

Nunca lo miraba a los ojos. Esta vez lo hizo y decidió empezar a explicarle a esos ojos marrones el pensamiento que ocultaban los suyos.
Le entraron dudas, pero se dejó llevar por el torrente de palabras que fluían por su interior.

-Si fueran eternas, estarían compuestas de materia más duradera, tendrían otro aspecto y acabarías cansándote de ellas. No te gustarían que perdieran su magia.
Acto seguido, cogió el pompero que solía llevar encima, sopló, y cientos de pompas pequeñas flotaron alrededor de ambos.

-Imagina que cada pompa es un roce o una pequeña diferencia que hayamos tenido.

Y las pompas ganaron gravedad y fueron a morir a sus pies.
Volvió a soplar, pero esta vez salieron tres pompas muy grandes.

-Ahora, que estas tres representan las tres grandes peleas que hemos tenido desde que somos amigos.

Tardaron más que las pequeñas, sin embargo, tendrían el mismo final. Las persiguieron con la mirada hasta que explotaron delante de sus ojos, como si nunca hubieran existido.

Sus miradas se reencontraron. La del chico era expectante.
-El pompero somos nosotros. El instrumento circular con el que hacemos las pompas son nuestros defectos. Ellos son el origen de nuestros roces, pequeñas diferencias y peleas. Y no podemos hacer nada. El sitio de ese instrumento se encuentra en el interior del pompero, de modo que siempre viviremos con ellos y nos ocasionarán problemas.

Dime, ¿aún deseas que sean indestructibles? Perderían encanto...
Las pompas desaparecerán, mientras que nosotros seguimos aquí.

El chico sonrió, le quitó el pompero e hizo miles de pompas. Juntaron sus cabezas y juntos imaginaron que eran sus problemas futuros, los muchos que iban a tener. Que, casualmente, coinciden en el número de pompas que morirán por su fragilidad.