jueves, 21 de octubre de 2010

Quería que su nombre fuera sinónimo de perfección, pero la perfección odia la competencia.

Y deseaba un vestido rojo Valentino, y el único rojo que obtuvo fue uno de sangre. El vestido con el precio más alto que se puede conseguir.
Las lágrimas le lavaron la máscara de mujer fuerte y decidida, mientras seguía creyendo que eran diamantes que escondía su interior.