domingo, 28 de noviembre de 2010

La infancia siempre vuelve transformada en enseñanzas para la adolescencia.

Roxanne, ¿te acuerdas cuando éramos pequeñas y jugábamos a que mi cama estaba rodeada por hambrientos cocodrilos y teníamos que poner a salvo a todas nuestras muñecas y peluches?

Podrían ser las 11 de la noche, pero no podía irme a dormir sin salvar a mis compañeros de juegos, aquellos a los que les debía tantas horas de juegos y risas, a los que gracias a ellos pude desarrollar mi imaginación y pasar una infancia feliz. Les debía mucho.
Cogía a los que más cerca tenía, y por lo tanto, a los más importantes, y los cubría con el edredón, para que los reptiles no los vieran. Después, arriesgaba mi vida y me ponía de pie en la cama e iba hasta la silla sin pisar el suelo para coger a los que estaban en la mesa, más lejos de mí, pero sin ser menos importantes. Luego, los de las estanterías, los de las cajas, etc.

Volvía a la cama, y me encontraba conque no había suficiente espacio para todos. Cuando intentaba proteger a unos, otros se acercaban al precipicio, y me pasaba la vida intentando proteger a todos. Pero yo solo era una niña con un pijama rosa y que le tenía miedo a los cocodrilos que se apoderaron de mi alfombra de un circuito de coches que usaba para jugar con mis Playmobils. Pero me armaba de valor por proteger lo que me importaba.

Había que tener en cuenta que mis muñecos más importantes, al estar tapados, acababan aplastados por los otros y se podían ahogar. Las Barbies no soportaban a las Polly Pockets y no podía juntarlas. Minnie tenía miedo de Charmander por si la quemaba y tenía que ponerles separados también. Si acomodaba mucho a unos, me sentía mal por los otros. No sabía como colocarlos para que todos pudiéramos convivir bien hasta que terminara la invasión de nuestro territorio.

Al final era yo la que acababa en el borde, a punto de caer a los temibles reptiles que deseaban devorarme. Era entonces cuando se me encendía una bombilla. Podía meterme en la cama (ya que tenía frío de estar tanto tiempo fuera), coger a los importantes y taparlos conmigo, otros que estuvieran en la almohada, otros apoyados en la pared y otros encima mía. Todos estaban cerca mía, y a la vez estaban separados los unos de los otros. Y así me podía dormir, feliz de tenerlos todos conmigo.

Y este juego al que yo jugaba de pequeña...¿no puedo relacionarlo con algo que estoy viviendo ahora?