lunes, 27 de diciembre de 2010

Conversaciones en la línea 7.

Viernes, 26 de noviembre del 2010.
Le seguí la coña también en el autobús, cuando ocupamos nuestros asientos. La idea de que pudieran buscarme sustituta organizando un casting me divertía, y sabía que esa bordería en realidad significaba lo contrario de lo que decíamos. Como todas nuestras bromas. No obstante, normalmente no lo decíamos, lo dábamos por hecho sin más. Soy de las que piensan que algunas obviedades no hace falta mencionarlas y por lo tanto, algunas bromas no hacía falta aclarar que lo eran.
Pero...¿a qué a veces expresarlo en voz alta hace que ponga un punto y final bonito?
-No te cambiaría por nada del mundo.
Fin de la broma. Punto y final.
Paré de deshilachar mi vieja mochila y fijé la vista en un punto del suelo. Todo lo que habíamos dicho no era verdad, sabía que esto sí lo era.
Jamás nadie me había dicho nada parecido.
Podríamos haber peleado lo impeleable (no sé si existe la palabra, y si no, pues me la invento) y puede que con otros amigos no me haya peleado nunca, pero tenía la certeza que cuando sus sentimientos se mezclaban con sus pensamientos y los sacaba al exterior, esa era la única verdad que existía.
Me sentía querida por él, al igual que él debería sentirse querido por mí.
-Puff...pero eso da igual. Lo puedes olvidar...
Reprimí las ganas de abrazarle y le volví la cabeza del todo. Sonreí, cual niño que no obedece a lo que le dicen.
I could say a thousand times that 'I don't love you',
that if the a thousand and one I say that 'I love you', will be the only truth.