lunes, 17 de enero de 2011

Nunca nadie va a querer a Elena Sánchez Antón como la quiero yo.

Algunas cosas no son fáciles de confesar. Ésta es una de ellas.

A veces me avergüenzo de mis propios pensamientos.

Me conozco desde hace casi 17 años y al principio no me caí muy bien. Me miraba al espejo y no me gustaba. Me castigaba por no tener un cuerpo distinto y una personalidad distinta.
La mayor parte de culpa la tenía yo, por ser tan sumamente idiota.
Pero fui creciendo y fui dándole más importancia a la pequeña porción de culpa que tiene la sociedad en la que vivo.

Seguí soportándome, con todo lo que acarreaba ser yo. Empecé a llevarme mejor conmigo misma porque comprendí que por muy cruel que fuera el mundo, quien nunca de los nuncas y jamás de los jamases me iba a abandonar, la única persona, era yo.

Las personas solo vivimos para buscar nuestra propia felicidad. Y a esa frase me ceñí. Concentré toda mi atención en mí, ya que yo soy la única persona que me quiere de verdad. Y da igual las luchas internas y los distanciamientos, había aprendido a aguantarme y a quererme.

Tenía siempre un grupo de amigas y a mi mejor amigo. Intentaba relacionarme más (la mayoría de veces sin éxito), pero no esperaba nada de nadie. Ni que me aportaran nada ni que me hicieran feliz.

Ahora, a punto de cumplir los 17, el mundo actual intenta absorberme para que me vuelva a unir a ella, pero con la recién estrenada libertad que me da ser mayor.
Mi deseo es usar esa libertad según mi propio criterio y no lo que me dicte una sociedad que tanto daño me hizo y que me la sigue haciendo muy de vez en cuando.

Ése podría ser el principal motivo por el cual huí la tarde del pastelito rosa.
Aquella tarde reaccioné bien y a tiempo. No quiero que me vuelvan a poner a prueba, porque no quiero perder la partida y que mi yo sufra también.

Habló la emo de Elenna xXx.