domingo, 16 de enero de 2011

La Elenna de mi imaginación tiene 16 años como la Elenna real.
La diferencia es que la primera es una sublime patinadora capaz de realizar el movimiento que desee, ya que lleva en el patinaje desde pequeña por iniciativa propia y sabe que es la mejor manera de expresar la sensibilidad y la dulzura que lleva dentro. De explotar sus emociones en cada giro y en cada pirueta. Y que se queden grabados en el hielo con el filo de sus patines.
La segunda se tiene que conformar con soñarlo y retener en su memoria los espectáculos de patinaje artístico que creaba en su cabeza de pequeña. Y que son los mismos que le gustaría hacer ahora.



Que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.