
No tengo palabras para el día de hoy, pero lo voy a intentar porque se lo merece.
Los días previos a mi cumpleaños siempre me han parecido mejor que el día en sí.
Todos los años me dedicaba a dar el coñazo a todos repitiendo una y otra vez lo poco que faltaba para mi cumple. Era para comprobar cuanta gente se acordaba y porque mi cumpleaños creo que es el día más feliz del año para mí.
Después llegaba el día, y no se lo decía a nadie, para no sentir que ponía a la gente en el compromiso de felicitarme.
Este año ha sido totalmente al revés.
Debo reconocer que estos últimos días han sido bastante malos. Mi campaña pre-cumpleaños no ha sido muy buena. No sabía con quién hablarlo, ya que sospechaba que había algo detrás de todo y no caía qué era. Fíjate hasta donde llega mi desconfianza y mi egoncetrismo.
Jamás se habían tomado tantas molestias para organizarme una sorpresa tan grande, tan bien pensada y organizada.
Luego tendré un debate conmigo misma de si en realidad me merecía la sorpresa o no.
El caso es que difícilmente podré olvidar lo de hoy, lo mal que disimulan algunos y los buenos actores que son otros. Los regalos, justamente del tipo de regalos que me gustan.
El haber estado UNA HORA esperando un autobús que no iba a llegar.
Y bueno...ya que estoy siendo sincera...el haberlo pasado con la gente que realmente me importa.
Y me siento un poquillo mal por haber desconfiado de ellos, no lo puedo remediar.